Falleció finalmente

Cambio de Michoacán informa:
Muere la niña que resultó herida en los ataques perpetrados en Morelia
"Esta tarde y luego de permanecer desde el pasado martes en estado delicado, falleció finalmente la niña Anahí Guillén Méndez, que resultó herida en el ataque perpetrado el pasado martes en el Centro de Protección Ciudadana, ubicado en Tres Puentes.
"Cabe recordar que la pequeña de tan sólo de 3 años de edad, estuvo internada en la Unidad de Cuidados Intensivos Especiales de Pediatría, del IMSS.
"A su llegada al hospital presentaba esquirlas en la espalda, herida en abdomen con salida de vísceras y lesión en cadera izquierda sin fractura, por lo que se le practicó una cirugía, sin embargo hoy las autoridades del Seguro Social informaron a sus familiares de su fallecimiento.
"La abuela de Anahí recibió una llamada de parte de las autoridades estatales y municipales quienes luego de darle el pésame le informaron que de forma conjunta se harán cargo de los gastos funerarios.
"Como se recordará la peque Anahí iba acompañada de su madre el día del atentado en el Centro de Protección Ciudadana de Tres Puentes, cuando ambas resultaron lesionadas por las esquirlas de una granada que presuntos integrantes del crimen organizado lanzaron contra el inmueble.
"La señora Margarita Méndez Zamudio, madre de Anahí, debió ser sometida a una cesara para salvar a su bebé, quien se reporta estable y fuera de peligro."

Paupérrimo resultado el de la niña. Quién le manda andar resultando.
"Luego de permanecer". O sea que primero debió permanecer, para luego encontrarse delicada, y luego morirse. No se dirá que la niña no cumplió con su deber de pasar por cada una de las etapas que ya se esperaban. Y cumplió con la expectativa de morirse para que el periodista (finalmente) lo informara.
No resultó herida, mi buen; fue herida.
El ataque no fue perpretado porque nunca se pretendió lesionar a la niña. Hay una cosa en este mundo que se llama diccionario.
El Centro de Protección Ciudadana no está ubicado en Tres Puentes; simplemente, está en Tres Puentes: nadie lo ubicó, ni creo que el Centro se deje ubicar porque no está desubicado.
Cabe recordar, porque hace tanto del hecho, que probablemente ya nadie se acuerde. Que quepa. Que conste.
Si era pequeña, "cabe deducir" que no era mayor. ¿O sí?
Si era de tan sólo 3 años, ¿no podría decirse igualmente "de tan sólo 5 o 7 o 21 o 37 años?": ¡De tan solo! ¿A qué edad terminará el "tan sólo"? ¿A qué edad deja uno de ser de tan sólo de tantos años, como para que, si uno se muere de gripe aviar o de un bombazo, un periodista pretenda inducir una lástima superlativa?
Y ella llegó por su pie: "A su llegada".
Presentaba, o sea que ella misma, llegando por su pie, muy oronda, exhibió "sus" esquirlas.
¿Hay algo más poético que una salida de vísceras?
Menos mal que la izquierda, la cadera, la de la niña, fue la de ese lado. La izquierda no tuvo fractura.
Sin embargo, habiéndosele practicado "una" cirujía, las autoridades informaron... etcétera. Las cirujías pueden evitar que las autoridades informen, pero, en este caso, no.
Las autoridades, conjuntas, gastarán en la niña, como lo hacen cuando viene la esposa del presidente, o como gastan en sus informes cada año los presidentes municipales; en Michoacán, 113 veces cada año, para decir lo mismo. No se les vaya a ir en gastos tantos para la niña, que pretendan un aumento del presupuesto. U otra deuda.
"Como se recordará". ¡Claro! Yo no recuerdo, tú no recuerdas, él o ella no recuerda, nosotros no recordamos. Sólo se recordará. Nadie en concreto olvida o recuerda. Lo que hay que recordar se recuerda solo y lo olvidable se olvida a sí mismo y punto. Qué padre. En el ejercicio de la memoria no hay responsables.
Conste que fue un atentado contra la niña. Atentado.
Por presuntos. Así puestas las cosas, Godoy es un presunto gobernador y yo un presunto crítico de lo relatado en ese diario. La realidad, pobrecita, debe traspasar demasiadas presumibles barreras para consolidarse como un hecho.
No debió someterse, sino que debió ser sometida. ¿No es esto un delito?
Salvó a su bebé. ¿De qué?
El bebé ya es capaz de reportarse. Tanto, y de tal modo, que, ¿por qué no mejor suple al reportero de esta nota?

Fuente: click aquí.

Moraleja: no moralizar.


Tiramisú de limón

Joaquín Sabina, el magno representante de la putañería ilustrada, ha vuelto para ofrecer al mercado un disco que, si bien no se contará desde ahora entre sus mejores (como "El hombre del traje gris" [1988]), "Mentiras piadosas" [1990] o "Diario de un peatón" [2003]), sí posee esa genialidad que el ubedense nos viene compartiendo desde 1978, con "Inventario", su primer disco, del cual, por cierto, reniega, y del que no resulta fácil conseguir una copia.
Tratemos de decirlo mejor: el peor disco de Sabina siempre será superior a cualquiera de cualquier hijo de vecina que en la televisión se presenta sorpresivamente como cantautor o intérprete. No sólo por las armonías musicales, a cuyo estilo propio han colaborado muy fiel y cercanamente Pancho Varona y Antonio García de Diego, sino por el originalísimo planteamiento de las letras, los temas, las vivencias que rayan en un hiperrealismo que no por un excesivo dramatismo dejan de ser oportunas y exactas dentro de ciertos ámbitos de la cotidianidad.
La canción que abre el disco ('Tiramisú de limón') es desde ya una pieza magistral por sus referentes, extraños, con una pluralidad de significados como vasto es el mundo de sus escuchas. Sintetizadas frases y chispeantes fraseos guitarrísticos están haciendo de este single un momentáneo himno entre jóvenes y no tan jóvenes, a pesar de la espalda que los medios de comunicación, controlados por las buenas conciencias y los peores intereses, le están dando a esta afortunada y plausible criatura musical. Sobre todo, porque Sabina es uno de los mejores redactores de paradojas: "Corre, dijo la tortuga"; "Porque una casa sin ti es una oficina"; "Más de cien mentiras que valen la pena"; y, en este caso, el propio título de la canción (¿Cómo es posible un tiramisú agrio?).
Que Sabina presida una cofradía de fieles a la faceta escabrosa de la vida se debe, más que a la tendencia humana y natural hacia lo mórbido, a que sabe conectar sus experiencias, fantasiosas o no, pero siempre verosímiles, con una actitud liberal, que por fortuna ha encontrado desde los setenta un cauce sin retorno, y a la cual nos hemos afiliado cada vez más miembros de toda especie y circunstancia, defendiendo la libertad individual, como denominador común, frente al Estado y los dogmas ideológicos y religiosos.
Éste que ahora se presenta, después de cuatro años de no sacar disco, es un Sabina sobreviviente de sí mismo. Es una de las razones por las cuales está erigido como un ídolo bien cimentado: sabe destruirse, burlarse de sí, abandonarse (si tal sucedió este tiempo), derrumbar su propia estatua, desoír el canto de las sirenas de la farándula... pero, por encima de todo, de sobra sabe que finalmente hay que reservarle el triunfo a la resucitación, a la vida, a la creación.
Perteneciente al gran conglomerado de artistas, intelectuales y académicos que padecieron la caricaturesca dictadura de Franco, Joaquín Sabina conoció el exilio (el despojo del territorio natal), la vagancia que lleva a la extravagancia y las carencias que obligan a buscar dentro de uno lo mejor para ofrecerlo. No hay mejor manera de enfrentar la desventura que con gracia, creatividad, arte. Asumir que más vale no asustarse con lo incierto. Acostumbrarse a lo inevitable.
Tal es el tema de tesis con que Sabina se ha recibido en este disco.

Hice un solo desafinado
con las cenizas del amor.
Las verbenas del pasado
cangrenan el corazón.

Acórtate la falda nueva,
despiértate al oscurecer,
túmbate al sol cuando llueva,
no desordenes mi taller

Tiramisú de limón,
helado de aguardiente,
muñequita de salón,
tanguita de serpiente.

De madrugada y por la puerta de servicio
me pasabas el hachís.
Al borde del precipicio,
jugábamos a Thelma y Louise

Pero esta noche estrena libertad un preso,
desde que no eres mi juez.
Tu vudú ya pincha en hueso,
tu saque se enredó en mi red.

Tiramisu de limón,
helado de aguardiente,
puritana de salón,
tanguita de serpiente

¿Dónde crees que vas?
¿Qué te parece que soy?
No mires atrás,
que ya no estoy.

Pero, ¿dónde crees que vas?
¿Qué te parece que soy?
Si miras atrás,
mañana es hoy.

¿Dónde crees que vas?
¿Qué te parece que soy?
Puede que quizás
luego sea hoy.

Nena, ¿dónde crees que vas?
Quién te parece que soy?
No mires atrás,
que ya me voy.

Que sepas que el final no empieza hoy.



'Tiramisú de limón', del disco "Vinagre y rosas", 2009, letra: J. S. y Benjamín Prado, música: Miguel Leiva.

Crónica de un pez

pequeño submarino
nervioso y ondulante
si te miro te admiro
y si saltas resaltas
mi mirada sostiene
el andar de tu aleta
tu nado me suspende
de los pies a los ojos
yo te presto mis párpados
para que se los cierres
a una pez que te guste
para que me investigues
detective del risco
a qué horas anochece
en la cresta de tiempo
y cómo se entretejen
en la profundidad
los pliegues de la noche
la ola cual tu piel
tu corona la espuma
tierno rey del oleaje
mis palabras se empeñan
en describir tu suerte
a quien ose leerla
cuando el aire te pesa
descansas sobre el vientre
(costillas peligrosas)
de aleteantes ballenas
que se esconden del mundo
investiga si mi alma
flota en la superficie
o se ha perdido allá abajo
entre opacos moluscos
o agotadas esporas
cachetito del agua
te pido que me digas
si al final del océano
se vacían las lágrimas
acróbata entre gotas
arcángel que las alas
perdiste al empaparte
me evitas y levitas
por los nudos del agua
esquivando la mano
y sorteando la red
del pescador hambriento
mascota sideral
constelación apenas
de seis tristes estrellas
¿navega mi esperanza
el confín de la noche?
si te sueño te ensueño
si te veo aleteo
para nadar contigo
cuéntame en tu cardumen
llévame al arrecife
donde el agua y la luz
son al fin una cosa
y revolotearemos
juntos de cerca juntos:
no nos alcanzará
el crepúsculo nunca

¡Creditote!


Presumidos


"Premonición", de Juan Alzate

El de Juan Alzate es el caso cada vez más atípico del talento persiguiendo a la perseverancia y la perseverancia en pos siempre del talento nato. Sucede en estos casos que lo que empezó como travesura infantil, como broma con la cual distraer las ansias de la adolescencia, ahora va periódicamente recalando en terminales exitosas, como un libro, una exposición o un disco, gratamente recibidos por los amigos, el público y la crítica.
Estoy escuchando ‘No sentimental title’, el tema con que abre su octavo disco, Premonición (noviembre de 2009), y refuerzo la idea que tuve de la música de Juan desde que escuché El eco en la piel (1995), el primero de sus discos: existe una intención, no siempre distinguible —y menos tratándose de música, a la que Schopenhauer consideraba a la vez sujeto y objeto, forma y fondo unitarios e indivisibles—, de conciliar la música popular, particularmente de Michoacán, y el jazz, incluyendo sus recovecos y discordancias. No importa que los temas no sean de su autoría; con el mero hecho de participar en ellos señala un camino que conduce a las veredas empedradas, a los cerros enverdeciéndose con obstinación, a la leche caliente y al olor a agua de río de las muchachas y los hornos de leña.
Esa propensión a la ruralidad tiene un dejo de crítica social. Juan quiere rescatar la armonía del pueblo de su infancia, perdida por la emigración, el desuso de la tierra fértil y la aparente vida fácil de la mercadotecnia que se desea a través de la televisión. Y lo que es más: quiere transmitir las disonancias culturales, que se escuchen las inquietantes reverberaciones del anómalo posmodernismo. No extraña, así pues, que haya elegido al jazz como vocación, y un saxófono tenor, como el engolado regañón que, empero, no miente ni claudica ni invita a caminar en falso ni traiciona.
Me gustaría haber descubierto que Juan Alzate protesta —y seguirá protestando en cada disco y en cada pieza musical— por la deformación de la vida cotidiana, de su vida cotidiana. No lo imaginemos como un costumbrista ni como uno de esos conservadores escandaliches que pretenden que todo se resarza y permanezca en su estado primigenio. Su inquietud se orienta hacia el progresismo cultural a través de los mismos elementos propios de cada cultura.
Dice Juan: “Mira, tú, Música Tradicional de Michoacán, hemos pasado mucho tiempo juntos, y con la confianza que hemos adquirido, quiero presentarte a este señor que se llama Jazz. Quiero que platiques con él, a pesar de que al principio no le entiendas, quiero que platiques con él y me cuentes, luego, a qué arreglos llegan, si pueden trabajar una con el otro sin problemas ni sometimiento de ninguno hacia el otro, ¿sale?”
Juan Alzate adquirió tempranamente en su carrera esa dualidad entre el folklore y las rupturas. Desde luego que no se necesita ser artista para padecer de dualidades, ni éstas, padeciéndose de manera normal, hacen artista al primero que va pasando por la calle. La dualidad entre los ritmos tradicionales, que no permiten alteración porque han llegado a la autosuficiencia expresiva, y los sondeos del jazz, tienen en Juan un árbitro. El ansia. Otra vez. Pero, esta vez, comandada a conciencia, sujetando buenamente y con fuerza el timón del silencio para que ambos contertulios se paseen navegando y continúen conversando a sus anchas.
El jazz sigue siendo el indagador por excelencia, el acosador de las inagotables tonalidades musicales. Sin exagerar, —y tomando tú, lector, el comentario de quien viene— diré que la música clásica contemporánea tiende al jazz. Y el jazz casi se ha convertido en una universalidad que no por cosmopolita desecha las culturas locales. Es éste el mundo al que pertenece Juan Alzate. El de las posibilidades. El del torcimiento refinado, sin embargo, de la realidad, porque ella sí nos tuerce sin finuras ni miramientos.
Termino de escuchar la última pieza del disco, que le ha dado el nombre a éste. A pesar de lo placenteramente escuchado, a pesar de lo escrito aquí en el ínterin, alcanzo a discernir en mí una disensión: Juan Alzate no ha alcanzado su punto de quiebre, ese momento en que un artista: se desprende de las dualidades y éstas se hacen, en efecto, fondo y forma confundidos; coloca las teorías al lado, y ya no al frente; se ensimisma, huye y se atormenta; se lamenta de lo hecho y lo no hecho; desciende a los infiernos de la indiferencia y la incompresnión; huye de nuevo y regresa de su viaje iniciático para reemprender su obra ahora de manera natural… Ese momento en que todo lo experimentado se convierte en La Gran Travesura que alterará definitivamente al mundo.
Brindo porque ese día ha de llegar. Por esa premonición.













Portadas de algunos de sus discos, tomadas de su página web.

Venta de muertos

Contra la influenza (típica)


Nombre: Calavera de Día de Muertos
Ocupación: Prevenisrse

El coche sirve para:


El coche sirve para:
Echarse una pestañita.
Aventárselo a otros coches.
Dar el rol tomando con los amigos.
Maquillarse.
Sacar la Yuri que una lleva dentro.
Hacer tiempo.
Recuperar el tiempo perdido por levantarse tarde.
Demostrar o (lo que es peor) aparentar estatus.
Platicar en el cofre.
Profesarle más amor que ni a los hijos (sobre todo —cera en mano—, durante las mañanas de los sábados y los domingos).
Hablar por el celular.
Mandar mensajitos por el celular.
Leer los mensajitos del celular.
Agregar un contacto en el celular.
Fumar.
Marcar el ritmo de la música en el volante.
Ahorrarse el motel.
Tomar café en un térmico.
Regañar al niño.
Alcanzarle el juguete al niño.
Dormir al niño.
Tomarse el multivitamínico.
Checar la cuenta del súper.
Ver despectivamente de reojo a los que están en la parada.
Estacionarse en doble fila para angostar la calle.
Ver películas en la pantalla.
Discutir problemas maritales.
Desplegar en contra de otro conductor un lenguaje florido.
Subirlo a la banqueta.
Modificar la casa para que quepa.
Llevar todo en los pies como en el guajolotero.
Pitarle a los otros coches si no avanzan.
Pitarle a los otros coches si no avanzan a la velocidad que uno quiere.
Pitarle a los otros coches si no avanzan a la velocidad que uno ansía.
Holgar el pantalón bajándose el cierre.
Arreglar un asuntillo.
Enfurecerse y luego lloriquear a escondidas si le dan un llegue.
Echar novio.
Hacerle mexicanadas con tal de no comprar la pieza original.
Saborearse una Coca.
Sacar el Vicente Fernández que uno lleva dentro.
Fingir la valentía que no se tiene a pie.
Triplicarle el número de pasajeros.
Indignarse a pitidos.
Creer que sus atributos —atractivo, potente, moderno, elegante— se le transmiten a uno con sólo subirse.
Comer fritangas.

El coche sirve como taquería con ruedas.
El coche sirve como ropero ambulante.
El coche sirve como cuarto de tiliches con llantas.

El coche no sirve para:
Conducirlo y dirigirse a un lugar en concreto.

[¿Podría ser considerado este texto como un poema mnemotécnico o perdulario?]
 
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